La parroquia de Berres, en el Concello de A Estrada (Pontevedra), siempre ha estado ligada al oficio de la tornería, del que es difícil aventurar su origen al tratarse de un oficio tradicional que ha ido pasando de generación en generación.
Aunque hoy somos pocos los torneros de Berres que nos seguimos dedicando a esto, nuestra parroquia fue famosa por la habilidad y buen hacer de sus torneros hasta bien entrado el siglo XX.
De hecho, cuando las primeras fábricas de muebles empezaron a establecerse en A Estrada, allá por los años 30 del siglo pasado, la mayoría de los obreros que trabajaban en ellas eran de Berres.
Un territorio singular
Berres está situada justo al lado del río Ulla, rodeado de un frondoso bosque de ribera donde crece una gran diversidad de árboles autóctonos. Esto significa una gran abundancia de madera de distintos tipos. La mejor materia prima para que los torneros de Berres podamos elaborar nuestras creaciones.
Carballos (robles), bidueiros (abedules), castiñeiros (castaños), sabugueiros (saúcos), ameneiros (alisos), freixos (fresnos), conviven en un espacio en el que el aprovechamiento tradicional de la madera siempre ha sido respetuoso con el bosque. La relación de los torneros de Berres con el bosque es una auténtica simbiosis.
Además, el río nos proporciona un terreno muy fértil, tanto para la agricultura como para el crecimiento rápido del propio bosque. Agua, tierra y bosque conviven en equilibrio.
La tornería de madera no podría entenderse sin la presencia del río y sus bosques.
Los torneros de Berres, artesanos que aman la madera desde el S. XVIII
No sabemos con exactitud el origen del oficio de tornero en Berres. En el catastro del Marqués de la Ensenada, realizado para organizar el cobro de impuestos para el rey Fernando VI a partir de 1749, ya figura un inventario de quienes ejercen el oficio de tornero en Berres, entre los que nuestro apellido Neira es el más frecuente: «Reimundo de Neira, Domingo de Neira, José Rey, Alberto Trigo, Benito Blanco, Felipe Blanco, Juan de Neira, Sebastián de Neira, Juan Bernárdez, Pascual de Bascuas, Roque de Neira, Domingo de Neira, Andrés Blanco, Juan Figueira, Pascual de Neira, Mateo de Neira».
En aquellos tiempos, la tornería era un oficio complementario a la agricultura. Nuestro abuelo nos contaba que el trabajo se desarrollaba en casa en los momentos en los que no se podía trabajar el campo, especialmente en invierno.
Se utilizaba el llamado «torno de vara» que ocupaba una habitación en la casa. De ahí se pasó al torno de pedal y, ya en el siglo XX, al torno eléctrico, con la electricidad que los propios torneros de Berres (acostumbrados a hacerse cargo de todo el proceso de producción, desde cortar y secar la madera a fabricar sus propias herramientas o vender las piezas en las ferias) generaban aprovechando la fuerza del agua de los numerosos arroyos de la zona. Esa misma electricidad se utilizaba por la noche, cuando no se trabajaba, para iluminar las casas de la aldea.

La cercanía del Pazo de Oca (conocido como «el Versalles gallego» por la magnificencia de sus jardines barrocos) sólo a 5 km de Berres, proporcionaba una materia prima muy apreciada: la madera de buxo (boj) que abunda en sus jardines, una madera ideal para la tornería y que los torneros de Berres eran los únicos autorizados a recoger cuando los duros temporales del invierno derribaban algunos de estos ejemplares, tal era su fama. Con ella se fabricaban utensilios y pequeño menaje de cocina.
Los torneros de berres hoy y mañana: Apostar por el diseño y la sostenibilidad
Las manos de los torneros de Berres crearon, a lo largo de los últimos siglos, muchos de los utensilios tradicionales de la cocina gallega hechos artesanalmente en madera: cucharas y tenedores, los celebérrimos platos para el pulpo, los morenillos para batir el chocolate y muchas piezas más, como los grifos para los toneles de vino del Ribeiro, que también se hacían aquí.
Lamentablemente de los más de 30 talleres de tornería que llegó a haber en Berres sólo sobrevivimos unos pocos. La competencia descarnada por hacer el producto más barato posible, unido a los productos de baja calidad y a bajos precios importados de Asia, acabaron por hacer económicamente inviables la mayoría de los negocios.
Nosotras nos resistimos a dejar que este oficio se pierda. Creemos que hay que cuidar el producto, buscar nuevos diseños y potenciar las cualidades de lo que hacemos: trabajo sostenible, con materia prima de proximidad y de muy alta calidad, respetuoso con los bosques y con el entorno.
Por ello, seguimos elaborando muchas de estas piezas con las técnicas y la pasión de nuestros ancestros pero dándoles un aire más actual. Esto nos ha permitido llevar el oficio de los torneros de Berres hasta lugares tan insólitos y relevantes como la Tate Modern, donde se puede adquirir nuestro cascanueces, un producto de larga tradición con un diseño elegante y moderno, en el que utilidad y estética se dan la mano.

