Productos duraderos y sostenibles: diseñar para perdurar

Diseñar productos duraderos y sostenibles exige de una metodología de trabajo muy definida
Diseñar productos duraderos y sostenibles es un ejercicio que requiere de reflexión, conocimiento y una decidida vocación por perdurar

Cuando hablamos de productos duraderos y sostenibles, la conversación suele centrarse en el origen de los materiales, los procesos de fabricación, la posibilidad de reciclarlos o la distancia que han recorrido hasta llegar a nuestras manos. Todas estas cuestiones importan.

Pero existe otra variable fundamental de la que hablamos mucho menos: el tiempo. Porque quizá una de las formas más coherentes de reducir el impacto de un objeto sea, sencillamente, conseguir que no tengamos que sustituirlo.

La sostenibilidad también se mide en años

¿Cuánto debería durar una mesa? ¿Un cuenco? ¿Un molinillo? ¿Una cuchara de madera?

No existe una respuesta universal. Cada objeto tiene unas condiciones de uso diferentes. Sin embargo, la pregunta resulta interesante porque cambia nuestra manera de entender el consumo.

Durante décadas nos hemos acostumbrado a productos con ciclos de vida cada vez más breves. Compramos, utilizamos, sustituimos. Y muchas veces lo hacemos incluso antes de que el objeto haya dejado de cumplir correctamente su función.

Frente a esa lógica, los productos duraderos y sostenibles proponen una relación diferente con las cosas: adquirir menos, elegir mejor y utilizar durante más tiempo.

Diseñar para durar empieza mucho antes de fabricar

La longevidad de un objeto no depende únicamente de que sea resistente. Comienza en el propio diseño.

Las proporciones, el material elegido, los espesores, las uniones, los acabados o la posibilidad de mantener una pieza condicionan su capacidad para acompañarnos durante años.

Pero existe también una durabilidad menos evidente: la estética.

Un objeto puede permanecer intacto y, sin embargo, parecernos obsoleto después de poco tiempo. Por eso, diseñar para perdurar implica alejarse de tendencias excesivamente efímeras y buscar formas capaces de conservar su sentido más allá de una temporada.

La sostenibilidad, en este caso, también tiene que ver con crear objetos de los que no queramos desprendernos.

La madera y una forma diferente de envejecer

La madera posee una característica especialmente valiosa cuando hablamos de longevidad: puede incorporar el paso del tiempo a su propia belleza.

Una pieza utilizada durante años cambia. El contacto de las manos, la luz y el uso cotidiano pueden modificar ligeramente su tonalidad y su superficie. Aparece una pátina propia.

En lugar de exigir que el objeto conserve eternamente el aspecto exacto del primer día, podemos aprender a apreciar esa transformación.

Esta capacidad para envejecer con dignidad convierte a la madera en un material especialmente interesante para crear productos duraderos y sostenibles.

Una pequeña marca no tiene necesariamente que significar el final de la vida útil de una pieza. Puede convertirse en parte de su historia.

Del objeto desechable al objeto que cuidamos

La duración también depende de nuestra relación emocional con las cosas. Cuidamos mejor aquello que valoramos.

Cuando conocemos de dónde procede un objeto, quién lo ha realizado o qué material tenemos entre las manos, es más probable que intentemos conservarlo, mantenerlo e incluso repararlo.

Ahí aparece una dimensión importante de la artesanía contemporánea. Una pieza hecha para durar establece una relación distinta con quien la utiliza. Deja de ser simplemente algo que poseemos para convertirse, con el tiempo, en algo que reconocemos como nuestro.

Artesanía frente a la lógica de la sustitución

En Atalanta entendemos el oficio desde esa voluntad de permanencia. Trabajar artesanalmente no significa únicamente mantener unas técnicas heredadas durante generaciones.

También significa dedicar tiempo a cada objeto, conocer profundamente la materia y tomar decisiones destinadas a conseguir que la pieza cumpla bien su función durante mucho tiempo.

La sostenibilidad no debería ser un argumento añadido al final del proceso. Debe estar presente desde el momento en que elegimos la madera hasta la forma en que diseñamos, producimos, aprovechamos la materia y pensamos el futuro de cada creación.

Quizá la pregunta sea otra

Preguntarnos cuánto debe durar un objeto para ser sostenible conduce finalmente a una cuestión más interesante: ¿Cuánto tiempo queremos que forme parte de nuestra vida?

Quizá no necesitemos establecer un número exacto de años. Lo verdaderamente importante es recuperar una cultura material en la que la duración vuelva a ser considerada una cualidad.

Elegir objetos bien diseñados, realizados con buenos materiales y capaces de envejecer dignamente significa también cuestionar la necesidad permanente de sustituir.

Porque uno de los objetos más sostenibles puede ser, sencillamente, aquel que seguimos queriendo utilizar muchos años después de haberlo comprado.

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